El proceso de beatificación

Esta es la historia de Giulia Gabrieli, de catorce años, enferma de cáncer. Sabed desde ahora que Giulia lo ha conseguido. Es verdad, no se curó: murió el 19 de agosto, en su casa, en el barrio de Santo Tomaso de Calvi, en Bérgamo, precisamente mientras en la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) de Madrid se concluía con el Vía Crucis de los jóvenes. Sin embargo lo ha conseguido.

Ha transformado sus dos años de enfermedad en un himno a la vida, en un crescendo espiritual que la llevó a dialogar con la muerte: “Yo ahora sé que mi historia puede terminar solo de dos maneras: o, gracias a un milagro, con la completa curación, que yo pido al Señor porque tengo muchos proyectos que realizar. Y los quisiera realizar yo misma. O bien el encuentro con el Señor, que es una cosa bellísima. Ambos son dos bellos finales. Lo importante es que, como dice la beata Chiara Luce, se haga la voluntad de Dios”.

Giulia era así: decía estas cosas enormes, que para nosotros adultos temerosos parecen impronunciables, con la levedad de sus catorce años. Y sin embargo era una muchacha normal. Es más, reivindicaba a menudo su normalidad: era bella, radiante, genuinamente teatral, le gustaba viajar, vestir bien y le encantaba ir de compras. Una explosión de refinada vitalidad, que la enfermedad, misteriosamente, no pudo truncar, sino que la amplificó

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